Las mujeres con consumo problemático de alcohol, pastillas u otras sustancias suelen enfrentar obstáculos extra a la hora de pedir ayuda. Pesa más el juicio social, sobre todo si son madres; muchas temen perder a sus hijos o quedar expuestas; cargan con tareas de cuidado que "no pueden dejar"; y en algunos casos atraviesan situaciones de violencia que hacen todo más difícil. Por eso, muchas veces el consumo se oculta durante más tiempo. Si una mujer de tu familia está en esta situación, lo que más ayuda es acompañarla sin juzgar, reconocer lo que está cargando y ofrecer ayuda concreta para que pedir tratamiento sea posible.
Las barreras que muchas mujeres enfrentan
No todas las mujeres viven lo mismo, pero hay obstáculos que aparecen una y otra vez:
- Un estigma más fuerte. A una mujer que consume se la suele juzgar con más dureza: "¿cómo puede, siendo madre?". Ese juicio genera vergüenza y empuja al ocultamiento.
- El miedo a perder a los hijos o a que intervengan instituciones, que hace que muchas eviten consultar.
- Las tareas de cuidado. Hijos, padres mayores, la casa: muchas sienten que no tienen tiempo ni con quién dejar a los suyos para hacer un tratamiento.
- La dependencia económica, que limita las opciones y la autonomía para decidir.
- Situaciones de violencia, en las que el consumo a veces aparece como forma de soportar lo que pasa, o en las que la pareja controla, amenaza o impide pedir ayuda.
- Un consumo más invisible, muchas veces en soledad y dentro de casa, con pastillas o alcohol, que tarda más en ser detectado.
Señales que pueden pasar desapercibidas
Como el consumo suele ser más oculto, conviene prestar atención a cambios que se repiten en el tiempo:
- Botellas o cajas de pastillas escondidas, o que se terminan muy rápido.
- Cambios de ánimo marcados, somnolencia durante el día, olvidos.
- Aislamiento: deja de ver amigas, evita reuniones familiares.
- Descuido de su salud, de sus comidas o de su aspecto.
- Dificultad para sostener el trabajo o las rutinas de la casa.
- Tristeza, angustia o ansiedad persistentes.
Si el consumo es de pastillas para dormir o calmar la ansiedad, te puede servir leer pastillas y psicofármacos: cuando el uso se vuelve adicción. Para una mirada más general, está cómo saber si un familiar tiene un problema de adicción.
Cómo acompañar sin juzgar
La vergüenza es uno de los mayores obstáculos para pedir ayuda. Cualquier cosa que la aumente, aunque sea sin querer, hace más difícil que tu familiar se abra. Algunas ideas:
- Dejá afuera los juicios sobre su rol: nada de "una madre no puede hacer eso" o "mirá lo que les hacés a tus hijos".
- Hablá desde lo que ves y lo que sentís: "te noto muy cansada y triste, y me preocupa".
- Reconocé lo que está cargando: la crianza, el trabajo, los problemas de pareja, las pérdidas.
- Escuchá más de lo que hablás. Muchas mujeres nunca pudieron contar lo que les pasa.
- Ofrecé ayuda concreta, no solo consejos: acompañarla a una consulta, averiguar opciones, quedarte con los chicos.
Para preparar esa conversación, podés leer cómo hablar con un familiar sobre su consumo sin que termine en pelea.
Los hijos: una red para que el tratamiento sea posible
Para muchas madres, la pregunta "¿quién se queda con los chicos?" es lo que frena cualquier decisión. Ahí la familia puede hacer una diferencia enorme. Organizarse entre abuelos, tíos, hermanos o personas de confianza para cubrir horarios de escuela, comidas o cuidados puede ser lo que le permita empezar y sostener un tratamiento.
También es importante mirar a los chicos: pueden estar asustados, confundidos o sintiéndose culpables. Hablarles con palabras simples y adecuadas a su edad, asegurarles que no es su culpa y que hay adultos que los cuidan, los protege. Si hay chicos en situación de riesgo, en la Provincia de Buenos Aires y en CABA existe la Línea 102, gratuita, para la promoción y protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.
Cuando hay violencia
Consumo y violencia muchas veces se entrelazan. Una mujer puede consumir para soportar una situación de violencia, o su pareja puede usar el consumo para desacreditarla, controlarla o amenazarla con quitarle a los hijos. En esos casos, presionarla o culparla la deja más sola.
Acompañar a alguien en esta situación lleva tiempo. Respetá sus tiempos, no la juzgues si todavía no puede irse o pedir ayuda, y hacele saber que vas a estar cuando lo necesite.
Cuándo pedir ayuda profesional
Conviene buscar una evaluación si el consumo es frecuente o va en aumento, si ya intentó dejar y no pudo, si mezcla alcohol con pastillas, si hay tristeza profunda, angustia intensa o ideas de hacerse daño, o si hay chicos a cargo y la situación se está volviendo difícil de sostener. Si el consumo de alcohol o de ciertos medicamentos es intenso, dejarlo de golpe sin supervisión médica puede ser peligroso: cualquier cambio tiene que hacerse con un profesional.
- La Línea 141 de SEDRONAR: gratuita, anónima, las 24 horas, en todo el país.
- Su médico de cabecera, ginecóloga o un equipo de salud mental y consumos.
- Grupos de ayuda mutua como Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos, y para familiares, Al-Anon o Nar-Anon.
- Ante una urgencia médica, el 911 o el servicio de emergencias de tu zona.
La Ley de Salud Mental 26.657 establece el derecho a un trato digno y a un tratamiento con consentimiento informado. Un tratamiento respetuoso no juzga ni castiga: acompaña.
Vos también necesitás apoyo
Acompañar a una hija, una hermana, una madre o una pareja con consumo problemático cansa, y a veces obliga a hacerse cargo de chicos, gastos y urgencias. Pedir ayuda para vos es parte del cuidado de todos. No tenés que tener todas las respuestas: alcanza con estar, sin juicio, y ayudar a abrir una puerta. En Fundación Vida Plena orientamos a familias que atraviesan estas situaciones, y la primera consulta no tiene cargo.