Las previas se volvieron parte habitual de la salida adolescente: juntarse antes de ir a bailar o a una fiesta y tomar, muchas veces mucho y rápido. Que sea algo extendido no la vuelve inofensiva. En la adolescencia el cuerpo y el cerebro todavía se están desarrollando, y tomar grandes cantidades en poco tiempo aumenta el riesgo de intoxicaciones, accidentes, peleas, situaciones de abuso y decisiones de las que después se arrepienten. Como madre o padre, no hace falta entrar en pánico, pero sí vale la pena hablar del tema, acordar cuidados concretos y saber qué hacer si tu hijo llega a casa intoxicado.
Por qué el alcohol es más riesgoso en la adolescencia
El alcohol está tan naturalizado en nuestra cultura que muchas veces se lo ve como un paso esperable hacia la adultez. Sin embargo, en esta etapa hay algunos riesgos particulares:
- El cerebro está en desarrollo, en especial las áreas que tienen que ver con el control de los impulsos y la toma de decisiones.
- Muchas veces se toma para emborracharse rápido, con bebidas fuertes y en poco tiempo, lo que aumenta el riesgo de intoxicación.
- Hay menos experiencia para darse cuenta de cuándo parar o cuándo un amigo está en peligro.
- Se combina con otros riesgos: subirse a un auto con alguien que tomó, peleas, relaciones sexuales sin cuidado o sin consentimiento, mezcla con otras sustancias.
- Cuanto más temprano empieza un consumo, más difícil suele ser regularlo después.
Cuándo preocuparse
No es lo mismo haber tomado alguna vez en una fiesta que un patrón que se repite y se agrava. Estas señales indican que conviene prestar más atención:
- Toma todos los fines de semana hasta perder el control o no acordarse de lo que pasó.
- Ya tuvo episodios de intoxicación, vómitos repetidos o desmayos.
- Toma solo, o antes de ir a la escuela, o para "animarse" a cualquier situación social.
- Mezcla alcohol con otras sustancias.
- Baja el rendimiento escolar, cambia de amistades o se aísla de la familia.
- Se pone agresivo cuando toma o se mete en peleas.
- Miente sobre dónde estuvo o pide dinero sin explicar para qué.
Si el consumo incluye otras sustancias, te puede servir leer marihuana en adolescentes: cuándo preocuparse y cómo actuar.
Cómo hablar del alcohol con tu hijo
La conversación funciona mejor antes de que haya un problema grave, y cuando es una charla abierta más que un sermón. Algunas ideas:
- Elegí un momento tranquilo, no a la vuelta de una salida ni con resaca.
- Preguntá antes de opinar: cómo son las previas, qué se toma, qué hacen si alguien se descompone.
- Dejá claro tu mensaje: no querés que tome, y le explicás por qué, sin exagerar ni mentir.
- Hablá de cuidados concretos: no subirse a un auto con alguien que tomó, no dejar a un amigo solo, no aceptar bebidas de desconocidos, volver acompañado.
- Ofrecé una "salida de emergencia": que sepa que te puede llamar a cualquier hora si algo sale mal, y que primero lo vas a ir a buscar y después, con calma, van a hablar.
Para más herramientas sobre esta etapa, podés leer hijos adolescentes y consumo: guía para madres y padres.
Qué hacer si llega intoxicado
Es una de las situaciones que más asustan. Lo más importante es mantener la calma y priorizar su seguridad; la charla sobre lo que pasó queda para el día siguiente.
- No lo dejes solo ni lo mandes a dormir sin supervisión. Quedate cerca y controlá cómo respira.
- Si está acostado o dormido, ponelo de costado (posición lateral), con la cabeza apoyada, para que no se ahogue si vomita.
- No le des nada por la boca si está muy dormido o confuso, ni intentes "despertarlo" con duchas frías o café.
- Mantenelo abrigado y en un lugar seguro, lejos de escaleras u objetos con los que se pueda golpear.
- No lo retes en ese momento. No va a servir y puede agitarlo más.
Lo que conviene evitar
- Ofrecerle alcohol en casa "para que aprenda a tomar": transmite que es esperable a esa edad y no elimina los riesgos.
- Minimizar con frases como "a su edad yo hacía lo mismo".
- Castigos extremos o humillantes, que suelen generar más ocultamiento.
- Que tu hijo tenga miedo de llamarte si él o un amigo están en peligro. Esa llamada puede evitar una tragedia.
- Mensajes contradictorios entre adultos: si hay dos casas, intentá acordar un criterio común.
Cuándo pedir ayuda profesional
Conviene consultar si el consumo es frecuente o va en aumento, si ya hubo intoxicaciones, si mezcla con otras sustancias, si el alcohol está afectando la escuela y los vínculos, o si notás tristeza, ansiedad marcada o ideas de hacerse daño. Consultar no es etiquetar a tu hijo: es sumar una mirada profesional a tiempo.
Podés empezar por el pediatra o médico de cabecera, por el equipo de orientación de la escuela o por la Línea 141 de SEDRONAR, gratuita, anónima y disponible las 24 horas en todo el país. Si tenés obra social o prepaga, la atención de los consumos problemáticos está contemplada por ley; pedí las autorizaciones por escrito.
Presencia, límites y cariño
No podés controlar todo lo que pasa en una salida, pero sí podés estar presente, informarte, poner límites claros y ser un lugar seguro al que volver. Revisar también el lugar que tiene el alcohol en los adultos de la casa suma coherencia al mensaje. Si sentís que la situación te supera, no tenés que atravesarla solo. En Fundación Vida Plena orientamos a familias que atraviesan estas situaciones, y la primera consulta no tiene cargo.