Si el consumo de un familiar trae violencia a tu casa, lo primero es la seguridad: tuya y de los chicos. Ante un peligro inmediato, llamá al 911. La Línea 144 te puede orientar y acompañar las 24 horas, y si hay chicos en riesgo, en la Provincia de Buenos Aires y en CABA podés comunicarte con la Línea 102. No es tu culpa, no tenés que resolverlo sola ni solo, y no hace falta esperar a que pase algo más grave para pedir ayuda.
Esta guía está pensada para madres, padres, parejas, hijos o cualquier persona que convive con alguien cuyo consumo se volvió peligroso. Es información para ordenar los primeros pasos; cada situación necesita acompañamiento profesional.
Lo primero: la violencia no es parte del problema de consumo que hay que aguantar
Muchas familias toleran la violencia porque la entienden como un síntoma más: "cuando consume se pone así". El consumo puede aumentar el riesgo, pero no justifica la violencia ni la vuelve aceptable. Y dejar de consumir no garantiza que termine.
La violencia no es solo física. También incluye:
- Gritos, insultos, humillaciones y amenazas.
- Romper objetos, golpear puertas o paredes para intimidar.
- Controlar el dinero, el teléfono o las salidas.
- Obligar a hacer cosas contra la voluntad.
- Amenazar con hacerse daño para controlar a otros.
Si reconocés alguna de estas situaciones, merecés ayuda y protección, aunque nunca haya habido un golpe.
Si hay peligro ahora
- Llamá al 911 si vos, los chicos u otra persona están en peligro.
- Salí del lugar si podés hacerlo de forma segura, con los chicos.
- Andá a un lugar con otras personas: la casa de un vecino, un familiar, un comercio.
- No discutas ni intentes razonar con alguien que está intoxicado y agresivo.
- Si además hay riesgo para la salud de tu familiar, como pérdida de conciencia o convulsiones, pedí también asistencia médica al 911 o al servicio de emergencias de tu zona (107 en muchos distritos; SAME en CABA).
No confrontar durante la intoxicación
Es muy comprensible querer decir todo lo que sentís justo cuando tu familiar llega bajo los efectos del consumo. Pero en ese momento no hay diálogo posible y la confrontación puede aumentar el riesgo. Algunas pautas:
- Hablá poco y con tono calmo.
- No lo acorrales ni le bloquees el paso, y no te quedes vos sin salida.
- Evitá ambientes con objetos que puedan usarse para lastimar, como la cocina.
- Postergá cualquier conversación importante para otro momento, y si hay antecedentes de violencia, que esa conversación ocurra con acompañamiento profesional.
Armar un plan de seguridad
Un plan de seguridad es pensar de antemano qué vas a hacer si la situación se pone peligrosa, para poder actuar rápido. Las líneas de atención pueden ayudarte a armarlo según tu caso. Algunas bases:
- Identificá señales de alarma: qué suele pasar antes de un episodio violento.
- Elegí un lugar seguro al que puedas ir, y avisale a esa persona que quizás la necesites.
- Acordá una palabra o señal con alguien de confianza para pedir ayuda sin que se note.
- Tené a mano lo esencial: documentos tuyos y de los chicos, algo de dinero, llaves, cargador y medicamentos. Si podés, dejá copias en casa de alguien de confianza.
- Guardá los números de emergencia en el teléfono y anotados en papel.
- Enseñales a los chicos, según su edad, a salir a un lugar seguro y a pedir ayuda.
Proteger a los chicos
Los chicos que viven situaciones de violencia se ven afectados aunque no sean el blanco directo. Algunas cosas que ayudan:
- Su seguridad primero: sacarlos de la escena si hay peligro.
- Decirles que no es su culpa y que los adultos se van a ocupar.
- No pedirles que guarden secretos ni que cuiden al adulto que consume.
- Sostener rutinas que les den previsibilidad.
- Avisar a la escuela o a un pediatra si notás cambios en ellos.
Si hay chicos en riesgo, la Línea 102 puede orientarte. Para pensar qué decirles, podés leer cómo hablar con los chicos cuando mamá o papá tiene una adicción.
Después de un episodio
Cuando pasa la crisis, es común que aparezcan arrepentimientos, promesas o pedidos de perdón, y también que la familia quiera olvidar lo ocurrido para volver a la calma. Algunas cosas que ayudan en ese momento:
- Buscá atención médica si hubo lesiones, aunque parezcan menores.
- Anotá lo que pasó, con fecha y detalles, y guardá mensajes o fotos si los hay. Puede servir más adelante.
- Contale a alguien de confianza lo que está pasando, para no quedar aislado.
- Revisá tu plan de seguridad con lo que aprendiste de este episodio.
Si el episodio incluyó una intoxicación grave o una urgencia de salud, la guía sobre qué hacer ante una crisis por consumo tiene más información.
No es tu culpa
Muchas personas que viven violencia se preguntan qué hicieron mal o qué deberían haber dicho distinto. La violencia es responsabilidad de quien la ejerce. También es común sentir vergüenza o miedo a que otros se enteren, y eso lleva al aislamiento. Pedir ayuda no es traicionar a tu familiar: es cuidarte y cuidar a los chicos. La guía sobre culpa y vergüenza en la familia puede acompañarte en esto. Si quien consume es tu pareja, también puede servirte cuando quien consume es tu pareja.
Cuándo pedir ayuda profesional
Siempre que haya violencia, conviene buscar acompañamiento. Las líneas 144 y 102 orientan sobre los pasos posibles, incluidas las medidas de protección. Para el consumo de tu familiar, la Línea 141 de SEDRONAR puede orientarte sobre opciones de tratamiento. Es importante saber que, según la Ley 26.657, la internación involuntaria solo procede ante un riesgo cierto e inminente para sí o para terceros, con evaluación de un equipo interdisciplinario. Tu protección, en cambio, no depende de que tu familiar acepte un tratamiento.
Merecés vivir sin miedo
Nadie debería tener miedo en su propia casa. Pedir ayuda es un acto de cuidado, no una traición. En Fundación Vida Plena orientamos a familias afectadas por el consumo de un ser querido, y la primera consulta no tiene cargo. Y si hoy hay peligro, llamá primero al 911.